Cerró el plazo de coaliciones y la izquierda ha hecho lo que en el Congreso no ha conseguido del todo: una sola papeleta. A última hora del viernes, el PSOE y el Frente Amplio —con IU, Movimiento Sumar, Más Madrid y otras fuerzas territoriales— anunciaron el acuerdo «Senado de Progreso» para las generales del 29 de noviembre. No es un eslogan bonito. Es aritmética de Cámara Alta.
Según Europa Press y el relato de EL PAÍS y El Mundo, la coalición se concreta de forma mayoritaria en 43 provincias y 47 circunscripciones, con pactos adicionales en las islas baleares (PSOE, Més, IU y Sumar) y una papeleta unitaria en La Gomera. Cataluña y Canarias, salvo esa excepción gomera, quedan fuera del esquema general. Podemos no entra en el pacto estatal, el mismo patrón que en buena parte del mapa al Congreso.
Por qué el Senado duele más que el escaño medio
El Senado no es decorado. Tiene 266 escaños: 208 de elección directa y 58 designados por parlamentos autonómicos. En 2023 el PP se hizo con 120 senadores electos y convirtió la Cámara en ariete: comisiones de investigación, vetos y relojes institucionales. El PSOE bajó a la franja de los setenta. A la izquierda le quedaron migajas de representación directa.
El Mundo recuerda el contrafactual de 2023: si socialistas y Sumar hubieran ido juntos entonces, el reparto se habría invertido de forma drástica. Hoy la izquierda juega a no repetir el error mientras la derecha sigue, de momento, en papeletas separadas (PP y Vox). Eso multiplica el valor de cada voto progresista en provincias donde la división deja escaños en el camino.
Hay más que ego de partido. La Cámara Alta pesa en la renovación de un tercio del Tribunal Constitucional que elige el Senado —con mandatos ya caducados, según el relato periodístico— y, más adelante, en el reloj del Poder Judicial. Quien controle el Senado no solo frena leyes: mueve fichas de Estado.
Unidad con agujeros a la vista
Rebeca Torró (Organización del PSOE) vende «acuerdo de país» y «urgencia democrática» para que el Senado deje de estar «sometido a los intereses de PP y Vox». Frente Amplio habla de devolver a la Cámara su vocación constitucional de encuentro territorial. El lenguaje es de unidad; el mapa no lo es del todo.
Hay excepciones federales, listas aún por cerrar (el registro de coalición no obliga a tener ya los tres primeros nombres) y un agujero morado. La plataforma civil Senadores y Senadoras por la Democracia empujó la candidatura conjunta; el reloj del viernes apuró hasta pasadas las 23:55, con el plazo a las 23:59. No fue un pacto de café: fue un pacto de survival electoral.
Qué cambia y qué no
Desde la mesa de izquierda cambia el método: dejar de competir entre sí en la Cámara que el PP ha usado como muralla. Cambia también el mensaje al electorado que pide no tirar el voto en provincias pequeñas. No cambia, por este acuerdo, el resultado del 29-N ni se inventa aquí un vuelco garantizado. La hipótesis progresista es sobria: si la derecha llega dividida y la izquierda suma en una sola papeleta, el Senado deja de ser propiedad automática de Génova. El resto lo dirán las urnas y los designados autonómicos.
