EH Bildu ha puesto sobre la mesa sus listas para el 29-N. Hay relevo generacional, hay apuesta por Bizkaia y hay, otra vez, un dato que la coalición prefiere envolver en «trayectoria institucional»: varios puestos de salida los ocupan personas con condenas firmes por su vínculo con el entramado de Batasuna/ETA.
La dirección de Arnaldo Otegi propone a Oskar Matute como cabeza de lista al Congreso por Bizkaia y futuro portavoz del grupo, en el relevo de Mertxe Aizpurua, que deja la primera línea tras anunciar que no repite. En Gipuzkoa encabeza el Congreso Oihana Etxebarrieta; en Álava, Mikel Otero; en Navarra, Eneka Maiz. En el Senado, Idurre Bideguren (Bizkaia) asume la portavocía propuesta. Las bases deben ratificar la plancha este fin de semana.
Lo que no es un detalle cosmética es el resto del cartel en puestos elegibles. Según ABC y el relato de El Mundo, Marije Fullaondo va de número dos al Congreso por Bizkaia: ya fue diputada en 2023 y en 2016 asumió una condena de dos años por integración en organización terrorista en el sumario de las herriko tabernas. Sonia Jacinto, secretaria de Organización, encabeza el Senado por Gipuzkoa: fue condenada en el caso Bateragune (ocho años en instancia, seis tras el Supremo; pena extinguida en 2015). El TEDH cuestionó la imparcialidad del tribunal y el Constitucional no abrió un nuevo juicio. Floren Aoiz encabeza el Senado por Navarra: histórico de la Mesa Nacional de HB, con condenas ligadas a la financiación ilegal de herriko tabernas y a su papel en aquella dirección.
Bildu lo presenta como continuidad del trabajo en Madrid y lucha contra el «bloque reaccionario». En la última legislatura fue aliado estable de Pedro Sánchez. Las encuestas que citan los medios le dan entorno a 5-6 diputados. Matute, de Alternatiba, es el gancho para pescar voto de izquierdas que antes fue a Podemos o Sumar en Euskadi. Eso es estrategia electoral legítima. Otra cosa es pedir a España que normalice, otra vez, que la memoria de las víctimas y la higiene democrática sean un estorbo del «relevo».
No hace falta inventar. Basta con leer las listas y las sentencias. Quien encabeza o va en puesto de salida no es un suplente decorativo: es la cara que la coalición ofrece al electorado y, si salen los números, al Congreso y al Senado que tendrán que investir o tumbar gobiernos. Si Sánchez necesita otra vez esos votos, la pregunta no es solo aritmética: es de qué precio simbólico está dispuesto a pagar el PSOE por la moncloa.
El PNV presenta candidatos el sábado. El mapa vasco se tensiona entre nacionalismos y un 29-N nacional. Bildu quiere crecer en Bizkaia y vender normalidad. La normalidad, sin embargo, no borra el historial judicial de quienes ocupan los puestos de salida. Renovar caras sin romper con ese hilo es una decisión política, no un accidente de listas.
España puede debatir soberanía, vivienda o Europa. Lo que no debería banalizar es la línea roja del terrorismo y de su brazo político. Las urnas decidirán escaños. La democracia también se mide por a quién se sienta, con qué pasado y con qué silencio cómplice del resto.
