El guion del 12 de octubre es siempre el mismo: bandera, himno, desfile y tribuna. Lo que cambia es el ruido de fondo. Este lunes, en la plaza de Cánovas del Castillo, Pedro Sánchez volvió a entrar en el acto central de la Fiesta Nacional entre pitos, abucheos e insultos. No es un detalle de ambientación. A siete semanas del 29-N, el presidente llega a la foto institucional con la calle —o una parte muy audible de ella— gritándole a la cara lo que las encuestas ya susurran.
Varios medios coinciden en lo esencial. Sánchez llegó en coche oficial, esperó unos minutos y se situó con las autoridades para recibir a los Reyes. Desde el público se oyeron gritos graves —entre ellos “Pedro Sánchez, hijo de puta”, “a prisión” y “traidor”— ligados también a la crisis de Ceuta. La tribuna está más apartada del público que hace años; aun así, los micros de la televisión captaron el cabreo antes de que apareciera la comitiva real.
El hielo de Madrid y el móvil de Feijóo
La escena política dentro de la tribuna fue casi tan elocuente como los pitos. Según el relato de elDiario.es y El Español, el saludo con Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida fue gélido. Ellos habían cargado contra el presidente ante las cámaras instantes antes. No hace falta inventar un duelo: bastó la distancia corporal en un acto de Estado.
En la zona de invitados, Alberto Núñez Feijóo se situó cerca de la tribuna de autoridades con su portavoz de campaña, Esther Muñoz. La imagen que queda para la precampaña es la de un PP que asiste al ritual nacional mientras el jefe del Ejecutivo encaja el rechazo público. No es un mitin. Es peor para Moncloa: es la Fiesta Nacional convertida en termómetro.
Abascal, otra vez de plantón
Santiago Abascal repitió la foto del año pasado: no compartió tribuna con el Rey ni con Sánchez. Se fue a Ceuta con el líder francés de Agrupación Nacional, Jordan Bardella. elDiario.es recoge su marco sin ambigüedad: no quiere compartir espacio con quienes considera “traidores”. Sea táctica o convicción, el mensaje a su electorado es nítido: el 12-O oficial ya no le representa y la frontera sur sí.
El desfile se celebró además sin el Grupo de Regulares de Ceuta. Felipe VI dedicó un saludo prolongado al presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, y desde el público se oyeron gritos a favor de Ceuta. La crisis migratoria no entró en el guion militar; entró en la política del día.
Precampaña con uniforme de gala
Casi 4.400 militares, cientos de vehículos y decenas de aeronaves. Ministros presentes —con ausencias puntuales— y la mayoría de barones autonómicos. Y, dos horas antes, un vídeo de Sánchez en redes con tono inequívocamente electoralista reivindicando derechos y bandera. La lectura conservadora se escribe sola: el Gobierno intenta apropiarse del 12-O mientras una parte del público le responde con rechazo y la oposición institucional le congela el saludo.
Nadie debería confundir un abucheo con un programa de gobierno. Pero tampoco conviene maquillarlo. Cuando el presidente de un Ejecutivo en funciones —y en campaña— es recibido así en la Fiesta Nacional, el problema no es “el ruido de siempre”. Es la erosión de autoridad política en el escenario más simbólico del calendario. El 29-N dirá si ese ruido se convierte en escaños.
