Borja Sémper ha puesto nombre al malestar del PP con el último movimiento de Moncloa: llevar a la Diputación Permanente los decretos de vivienda que el pleno del Congreso tumbó hace apenas unos días. En Las mañanas de RNE, el portavoz popular lo ha llamado «subterfugio» y «triquiñuela» y ha zanjado que ve la maniobra «de dudoso apego democrático».
El argumento no es de letra pequeña. El Congreso rechazó convalidar las normas; el Gobierno las ha vuelto a aprobar en Consejo de Ministros con ajustes; y, con las Cortes disueltas tras el adelanto del 29-N, la convalidación pasa por la Diputación Permanente. Para el PP, eso no es continuidad administrativa: es dar la vuelta a una voluntad parlamentaria ya expresada.
Qué dice Sémper, punto por punto
Sémper se declara «inquieto» de que Pedro Sánchez justifique el paso diciendo que el Parlamento «da la espalda a la gente». En su lectura, el Ejecutivo convierte una derrota en el hemiciclo en un problema de legitimidad ajena y usa un órgano residual de las Cortes —legítimo en disolución, sí— para reabrir lo que el pleno cerró.
Lo define como «una especie de quita y pon de la legitimidad del Congreso». El mensaje de campaña se escribe solo: si no te salen los votos en el pleno, cambias de mesa. Da igual que el Reglamento contemple funciones de la Permanente en periodos de disolución; el PP disputa la oportunidad política y el olor a atajo.
El hilo del voto por correo
En la misma entrevista, Sémper ha intentado ordenar el otro incendio interno: las prevenciones de Isabel Díaz Ayuso y otros dirigentes sobre el voto por correo. El portavoz niega contradicción abierta. Dice que el sistema es «garantista», que hay herramientas de control y que la Junta Electoral Central debe velar por la transparencia. A la vez, entiende «miedos» tras años de choque con Sánchez y recuerda episodios internos del PSOE para explicar la desconfianza ciudadana.
Es un equilibrio inestable. Correos defiende la trazabilidad del voto postal; VerificaRTVE insiste en que el relato del pucherazo circula sin pruebas; y el PP llega al 29-N con un portavoz que pide votar —presencial o por correo— mientras parte de su propia marca siembra sospecha. Sémper prefiere el colegio electoral «porque el domingo de elecciones es uno de los días más bonitos», pero dice que si no pudiera ir, votaría por correo.
Por qué importa más allá del titular
La pelea de fondo no es solo vivienda. Es quién manda cuando las Cortes están disueltas y un Ejecutivo en funciones —o a punto de serlo en clave electoral— quiere salvar paquetes normativos. El Gobierno habla de urgencia social y de un segundo chance técnico tras el no del pleno. La oposición habla de trampa institucional.
En precampaña, ese choque vale oro: convierte un debate de alquileres y fondos en un debate de reglas del juego. Si la Diputación Permanente convalida, el PP gritará atropello. Si tumba o dilata, Moncloa hablará de bloqueo a la gente. El metro no discute el artículo del Reglamento; discute si alguien se está saltando la fila.
