Pedro Sánchez cierra el curso político con una idea muy sencilla y muy difícil de sostener a la vez: aguantar hasta julio de 2027. La rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros llega con el Gobierno intentando demostrar que todavía tiene agenda —Presupuestos de 2027, financiación autonómica, vivienda— y con la mayoría de investidura convertida en una cuerda que cruje cada semana.
El dato central no es que Moncloa quiera acabar la legislatura. Eso lo dice cualquier Gobierno mientras pueda. Lo importante es el choque entre esa voluntad y el paisaje real: causas judiciales que rodean al PSOE y a su entorno, oposición pidiendo elecciones y socios que ya no regalan estabilidad sin explicaciones.
RTVE resume el marco de la comparecencia: Sánchez pretende evidenciar que el Ejecutivo tiene contenido para seguir. Entre sus cartas están los Presupuestos de 2027, los primeros de este mandato si llegan a aprobarse, y el Consejo de Política Fiscal y Financiera convocado para este miércoles con la financiación autonómica sobre la mesa. Traducido: Moncloa necesita que la legislatura parezca algo más que supervivencia.
Pero el ruido judicial no es decorado. RTVE cita la imputación de Begoña Gómez, el caso Plus Ultra con José Luis Rodríguez Zapatero investigado, el caso Leire Díez, la situación de Mercedes González y Santos Cerdán, la condena a José Luis Ábalos en el marco del caso Koldo y la sentencia contra David Sánchez por prevaricación. Conviene escribirlo con precisión: no todo está en la misma fase, no todo implica condena y cada procedimiento tiene sus garantías. Justo por eso el Gobierno no puede despacharlo como si fuera simple barro mediático.
La derecha tiene aquí un marco cómodo: si hay causas, si no hay mayoría estable y si los socios protestan, elecciones. PP y Vox llevan semanas empujando esa lectura. Es legítima políticamente, aunque tampoco sea inocente: a la oposición le interesa convertir cada comparecencia de Sánchez en un plebiscito moral sobre su continuidad.
El problema de Sánchez es que la respuesta “tenemos agenda” solo funciona si la agenda sale. El decreto de vivienda, que debía llegar ahora, se retrasa a septiembre para buscar apoyos. La senda presupuestaria ya ha naufragado en el Congreso. La financiación autonómica lleva caducada desde 2014 y cada comunidad llega con su calculadora y su agravio bajo el brazo. Gobernar no es anunciar temas clave; es juntar votos para que dejen de ser titulares.
La lectura menos épica es esta: Sánchez todavía puede resistir, pero ya no puede fingir que resistir equivale automáticamente a gobernar. Si quiere llegar a 2027, necesita convertir el balance de verano en algo verificable en septiembre: cuentas, acuerdos, normas y explicaciones. Lo demás es aguante. Y el aguante, en política, se acaba pareciendo mucho a una prórroga cuando el marcador no se mueve.
