El reloj de Ferraz ya no mira a 2027. Según El País, la gran mayoría de dirigentes del PSOE y de los ministros socialistas del Gobierno ha llegado a la misma conclusión: adelantar ya las generales a la primera fecha posible, el 29 de noviembre. Pedro Sánchez sigue con su ronda de llamadas —empezó el jueves, cuando el núcleo duro intuyó que Junts tumbaría los decretos de vivienda— y no adelanta su postura a nadie. Eso no impide que, en privado, casi todo el mundo le empuje a apretar el botón.

El relato interno es brutal de simple. Hace dos semanas el partido se veía «muerto» por la crisis de Ceuta. Ahora, tras el no de PP, Vox, UPN y Junts a los llamados decretos Maricarmen y con decenas de miles de personas en la calle el sábado, muchos creen que hay una «oportunidad irrepetible». Un ministro lo resume sin adornos: no sabe qué escenario puede ser mejor que el de ahora, y el relato para seguir gobernando se hace imposible cuando te tumban algo tan urgente como un escudo antidesahucios.

La fecha importa. No es lo mismo noviembre que enero o marzo. En 54 días la ola de indignación puede diluirse, y la derecha también está movilizada para votar contra Sánchez. Por eso la mayoría de consultados da por hecho un anuncio el lunes, antes o alrededor de la ejecutiva. Otros, minoritarios, piden un respiro: nuevos decretos, subir pensiones y SMI al cierre de año, y ganar tiempo mientras la izquierda a la izquierda del PSOE ordena su casa.

Ahí está el otro agujero. Gabriel Rufián dijo tras el pleno que no hay «nada votable» a la izquierda del PSOE. Sumar, rebautizado Frente Amplio para las generales, lleva desde febrero sin cerrar el relevo de Yolanda Díaz. Mónica García esquiva si será candidata; Ada Colau pide alianza «frenteamplista»; Irene Montero prefiere un nuevo decreto antes que urnas. Mientras Ferraz huele campaña, la confluencia aún multiplica reuniones de fin de semana.

García-Page, el crítico oficial del socialismo territorial, también ve la hora de las urnas, aunque por razones distintas: los pactos «orillando valores» con quien, a su juicio, quiere dinamitar España. La ironía es perfecta: pedristas y barones críticos coinciden en el destino y discrepan en el diagnóstico.

Lo que nadie niega es el riesgo. La militancia está «on fire», pero las encuestas siguen dando ventaja a la suma PP-Vox. Absorber el voto a la izquierda del PSOE no garantiza evitar un Gobierno de la derecha. Aun así, la opinión mayoritaria en el partido y en el Gobierno socialista es clara: la derecha ha cometido un error de libro al tumbar la protección habitacional en plena ola de simpatía hacia las víctimas, y hay que convertir esa rabia en campaña social completa, no solo de vivienda.

Sánchez escucha. Sánchez no confiesa. Y el país, con Sol todavía ocupado y la oposición pidiendo urnas a gritos, espera el lunes como si fuera un referéndum anticipado sobre si esta legislatura tiene aire o solo techo.