En Baleares el precio del piso no se discute en un mitin abstracto: se discute en el recibo. Marga Prohens ha salido al debate de política general con una propuesta que la izquierda detesta y que muchos jóvenes entienden al primer vistazo: quitar de en medio los impuestos autonómicos que gravan la compra de la primera vivienda si tienes menos de 36 años.

Concretamente, el Govern balear anuncia la eliminación del impuesto de transmisiones patrimoniales y del de actos jurídicos documentados para ese tramo de edad. Misma exención para personas con discapacidad, sin tope de años. Y un 50% de rebaja si tienes entre 36 y 40. No es un PowerPoint de Moncloa: es cuña fiscal en el momento de firmar.

Prohens añade una segunda fase de su hoja de ruta: bonificar hasta el 75% el impuesto de sucesiones entre tíos y sobrinos y entre hermanos cuando no haya descendencia directa. Ya había cargado contra la sucesión padres-hijos al llegar al Consolat. Ahora ensancha el perímetro. Madrid puede poner el ceño; Palma mueve el tipo.

La presidenta pone números al agujero: al menos 17.000 viviendas de déficit por el tirón demográfico, y dice estar impulsando 2.000 de promoción social o pública. Prioridad, dice, «a la gente de aquí». Se puede discutir el criterio; no se puede fingir que Baleares no vive un embudo habitacional de manual.

El momento no es inocente. Llegamos al tramo final del mandato balear, con el 29-N en el calendario y con el eco del caso Maricarmen todavía caliente en toda España. Mientras el Gobierno central aprieta decretos y la calle pelea el alquiler, el PP isleño ofrece otra gramática: menos carga al comprador joven, más autonomía fiscal, menos sermón y más bolígrafo en la escritura.

Hay roce de fondo con Sánchez. El Govern ya denunció intentos de atar la financiación autonómica a recuperar sucesiones. Esa pelea no es cosmética: es el choque entre quienes creen que bajar impuestos patrimoniales es insolidaridad y quienes creen que asfixiar al heredero o al primer comprador es una forma elegante de echar a la clase media de su propia tierra.

Prohens repasa su balance —esperas en Ibiza, 0-3 gratuito a ampliar, climatizar colegios, limitar pantallas hasta 4º de la ESO— y presume de pactos puntuales: fiscalidad con Vox, aeropuerto con MÉS, precios con el PSIB. O sea: geometría variable sin pedir permiso a la moralina de ferraz.

¿Resuelve sola la exención el mercado? No. Nadie serio promete eso. Lo que hace es dejar de castigar dos veces al que ya paga un piso disparado. Si el problema es oferta, hay que construir y liberar suelo; si además el Estado y la autonomía se llevan un pellizco en cada primera compra joven, el mensaje es cruel: fórmate, trabaja… y luego paga peaje por intentar echar raíces.

En clave 29-N, la pieza vale como contraste. Hay una derecha que solo sabe decir «okupa» y hay otra que pone encima de la mesa herramientas fiscales concretas en el territorio donde gobierna. Prohens elige lo segundo. Se podrá criticar el alcance, el calendario o el sesgo «gente de aquí». Lo que no cuela es fingir que la única política de vivienda posible es el control de alquileres y el decreto exprés.

Fuentes y contexto

  • El Mundo Baleares: anuncio en el debate de política general: exenciones ITP/AJD, tramos de edad, discapacidad, sucesiones 75%, déficit 17.000 y 2.000 viviendas sociales.