La crisis de Ceuta ya no se discute solo en términos de frontera, plazas o millones. El Partido Popular ha abierto otro frente: el del respeto institucional. El secretario general del PP, Miguel Tellado, ha acusado este martes a Pedro Sánchez de tener una estrategia para “atacar” al Rey Felipe VI a cuenta de la visita a la ciudad autónoma.
No es un matiz de protocolo. Es una acusación de fondo. Según Tellado, lo escuchado el lunes “no es casual” y se conecta con las palabras de Óscar Puente hace semanas sobre una fotografía del monarca con el periodista Javier Negre. En su lectura, hay un patrón: desgastar la Jefatura del Estado mientras el Gobierno gestiona a trompicones Ceuta.
El lapsus que el PP no compra
El detonante es conocido. Sánchez defendió que hay “argumentos y razones suficientes” para que el jefe del Estado visite Ceuta y Melilla —algo que no ha ocurrido desde su proclamación en 2014— y añadió que esa visita se hará cuando se den las condiciones. El PP se agarra a un error de calendario político: el presidente habló como si el monarca llevara “20 años” de reinado sin pisar Ceuta, cuando Felipe VI lleva doce como jefe del Estado.
Tellado no lo trata como despiste. “Creo que ayer Pedro Sánchez no se equivocó… dijo lo que quería decir”, afirmó en Telecinco. Y subió la apuesta institucional: en su concepto de democracia, el jefe del Estado “hace lo que el Gobierno le permite”. Es la forma popular de recordar que los viajes reales no se improvisan en una entrevista radiofónica.
La tesis de la visita bloqueada
El PP va más lejos y pone sobre la mesa una lectura que lleva días circulando en medios afines a la oposición: que el Gobierno no habría facilitado un desplazamiento del Rey a Ceuta y que eso se sustituyó por una audiencia con el presidente de la ciudad autónoma. Tellado lo presenta como indicios conocidos “por distintos medios de comunicación”. No aporta un documento público nuevo; sí una narrativa: si hay que elegir, dice, Sánchez “está con Mohamed VI y no con Felipe VI”.
Esa frase es política de combate. Y se entiende mejor al cruzarla con el otro flanco de la crisis: la negativa del presidente a situar a Marruecos como responsable del desborde, y su sugerencia de que actores como Rusia o Israel podrían estar detrás de campañas de desinformación. Moscú, de hecho, ha exigido este martes “hechos concretos” y ha acusado a Madrid de correr “a los micrófonos” sin materiales. El PP no necesita abrazar la tesis rusa para aprovechar el contraste: mientras se discute geopolítica de alta tensión, la oposición quiere hablar de lealtad institucional en casa.
Concentraciones y batalla de calle
En paralelo, Alberto Núñez Feijóo ha animado a acudir este miércoles —Día de Ceuta— a las concentraciones ante los ayuntamientos. Fuentes del PP insisten en que no es un acto “contra nadie”, sino de apoyo a la soberanía nacional y a la vuelta a la normalidad. Las mismas fuentes denuncian vetos o trabas de algunas delegaciones del Gobierno a manifestaciones. El mensaje de campaña está listo: el Ejecutivo mira a Rabat y a los micrófonos; la oposición se planta en la plaza.
La lectura conservadora es nítida. Un presidente que corrige al Rey en público, que mide la visita real como peón de presión y que tarda un mes en amarrar un plan de choque no está, a su juicio, a la altura. Se podrá debatir si hay “estrategia” deliberada o simple torpeza de relato. Lo que no se discute es el efecto: en plena emergencia de Ceuta, la monarquía ha entrado en el campo de batalla partidista. Y eso, para el PP, no es un accidente del verano: es el síntoma.
