Hay gestos que no se tapan con una comparecencia en el Congreso. En agosto, el Senado citó a Fernando Grande-Marlaska —dos veces—, José Manuel Albares y Margarita Robles para explicar la crisis de Ceuta. Las sillas del Ejecutivo en la Cámara Alta quedaron vacías. Este domingo el PP dice basta: el pleno del miércoles 8 de septiembre incluirá un conflicto de atribuciones contra el Gobierno ante el Tribunal Constitucional.

La portavoz popular en el Senado, Alicia García, lo ha dejado escrito sin anestesia: «Las sillas vacías de los ministros no pueden quedar impunes». No es un tuit de cabreo. Es el anuncio de que la mayoría absoluta del PP en la Cámara Alta va a usar el reglamento y el artículo 110.1 de la Constitución para reclamar presencia ministerial. RTVE, The Objective, La Voz de Galicia y Diariocrítico cuadran el mismo esqueleto factual.

El Gobierno tiene un argumento de calendario: los tres ministros sí fueron al Congreso en agosto. Vale. Eso no convierte al Senado en sala de espera opcional. En un sistema bicameral, el Ejecutivo no elige unilateralmente qué cámara le controla, cuándo aparece ni con qué guion. Si la comparecencia en una sede «repara» la incomparecencia en la otra, el control parlamentario se vuelve menú a la carta.

El PP no se queda en el papel del TC. Completa la ofensiva con casi todas las preguntas de la sesión de control del martes centradas en Ceuta y con una moción de reprobación que apunta a Marlaska, Albares, Robles y también a Mónica García y Ana Redondo. El texto, según la cobertura, habla de negligencia preventiva, pasividad tras más de un mes de crisis y falta de explicaciones sobre causas y responsables. Es política dura. También es la consecuencia de un mes en el que Ceuta se ha convertido en examen diario de autoridad.

Hay un dato institucional que debería preocupar incluso a quien no vote al PP: esta legislatura ya acumula, según el recuento difundido, 14 conflictos de atribuciones planteados por el Senado y uno por el Gobierno; el triple que hasta 2023. Traducción: la bronca entre Ejecutivo y Cámara Alta se ha normalizado como vía judicial paralela. Eso no fortalece al Estado. Lo fragiliza.

Ceuta necesita retornos, orden y explicación veraz. También necesita ministros que no traten al Senado como decorado. Si Moncloa cree que bastaba con el Congreso, el miércoles puede descubrir que la Constitución no contempla sillas vacías por conveniencia.