Algeciras se ha quedado sin gobierno municipal de verdad. Doce de los quince concejales del equipo de José Ignacio Landaluce han dimitido este martes de sus responsabilidades. El alcalde se queda con su acta y con tres ediles fieles. El Ayuntamiento confirma que las áreas “vuelven” al alcalde. En un pleno de 27, la mayoría absoluta pedía 14. Landaluce gobernaba holgado; ahora gobierna en solitario de hecho.
El detonante político —no el veredicto judicial— son dos denuncias por presuntas agresiones sexuales presentadas por mujeres vinculadas al PP. Landaluce las niega, las llama “falsas” y anuncia pruebas y reclamaciones. El PP de Cádiz le había exigido la dimisión. Él se enroca. Y la derecha institucional tiene un problema de puerto, de marca y de calendario a seis semanas del 29-N.
Responsabilidad política no es sentencia penal
Desde el marco liberal-conservador la distinción importa. Nadie ha sido condenado en firme por estos hechos en las crónicas de hoy. El derecho a la defensa existe. Pero la política municipal no puede esperar al último recurso si el propio partido retira la confianza y el gobierno se vacía. El PP provincial ha escuchado a las denunciantes, según Bruno García, y ha movido ficha. Doce ediles han firmado con los pies: fuera del gobierno.
Landaluce responde con vídeo desde el despacho: “Quieren mi muerte política, social”. Habla de presunción de inocencia y de daños y perjuicios. Es su derecho. También es un hecho que un alcalde con tres concejales no sostiene un ayuntamiento de peso estratégico en el Estrecho sin improvisar. La estabilidad del municipio no es un eslogan: es recogida de basuras, licencias, puerto y seguridad jurídica.
Vox empuja la censura sin pedir sillón
La vía de salida institucional es la moción de censura. Hacen falta 14 firmas y un candidato alternativo. Los doce dimisionarios del PP no bastan solos. Vox ha anunciado que votará a favor de apartar a Landaluce y que no entrará en el gobierno ni pedirá contraprestación. Cuatro votos verdes más doce populares suman 16. El PSOE, con siete, lleva tiempo ofreciendo apoyo a una censura; con la aritmética de Vox, ni siquiera sería imprescindible.
Vox carga además contra el PP por haber tardado: si bastaba para apartarle del grupo en el Senado, bastaba para dejar la Alcaldía antes. Es un dardo a Génova y a la dirección provincial. En clave de derecha, el mensaje útil no es el linchamiento: es que un partido serio no puede vender regeneración en campaña nacional mientras un feudo local se desangra por inacción.
El precio del enroque
Algeciras no es un pueblo de escaparate. Es puerta marítima, empleo portuario y termómetro andaluz. Un alcalde en minoría extrema, con denuncias abiertas y con su antiguo partido preparando la salida, convierte la ciudad en un problema de Estado menor… y en un lastre de campaña. Feijóo puede hablar de “limpieza” del censo en Madrid; aquí la limpieza pendiente es de gobierno local.
La hipótesis conservadora del día es simple: o el PP cierra la crisis con una censura limpia y un recambio creíble, o el 29-N llegará con un puerto en llamas y con la oposición escribiendo el guion. Landaluce niega los hechos y se aferra al cargo. Los hechos políticos de este martes —doce dimisiones, tres leales, Vox listo para censurar— ya están en el registro del Ayuntamiento.
