En las campas de Foronda, con el Alderdi Eguna cumpliendo cincuenta ediciones, Aitor Esteban no vendió estabilidad: vendió calendario. El mensaje del presidente del PNV fue de fase final. Octubre, dijo el partido, sirve para encender el «modo electoral» y abrir el proceso interno de candidaturas. La hipótesis de trabajo ya no es un rumor de pasillo: Sánchez, según Esteban, convocará generales cerca del 23 de mayo, cuando Euskadi vota municipales y forales y Navarra renueva su Parlamento.

«No nos despistemos. Es un único ciclo porque sus convocatorias estarán próximas una de otra». La frase resume la lectura jeltzale del tablero. No hay dos campañas separadas. Hay una sola decisión de país: quién defiende Euskadi en Madrid y quién manda en diputaciones y ayuntamientos mientras EH Bildu aprieta en Vitoria, San Sebastián o las instituciones forales.

Presupuestos como certificado de defunción

Esteban fue más lejos en la mecánica institucional. Si no hay Presupuestos —«lo más probable», dijo— Sánchez tendrá que dar la legislatura por finiquitada y convocar. No es un detalle contable. Es el socio vasco de tantas negociaciones recordando en voz alta que la aritmética de la Moncloa no da para eternizar el bloqueo con narrativa de normalidad.

En la derecha constitucional eso se traduce sin eufemismos: un Gobierno minoritario que depende de nacionalistas ya no puede fingir horizonte largo cuando esos mismos nacionalistas montan listas. La legislatura no se cae solo por la oposición. Se deshincha cuando quien te sostiene empieza a medir mitines y no decretos.

El truco del «único ciclo»

El PNV intenta no quedar atrapado en el marco binario que Esteban denunció: «la derecha echada al monte o Sánchez». Quiere vender centralidad y «primera línea de defensa de Euskadi» en Madrid. Pero el efecto práctico para el resto de España es otro. Si el ciclo vasco y el estatal se solapan, cada cesión de Moncloa se leerá en clave electoral vasca y cada retraso se pagará por partida doble.

También habló el lehendakari Imanol Pradales y la juventud del partido. La dirección proyecta imagen de organización viva ante cuatro procesos. Traducción menos poética: el PNV se prepara para competir contra Bildu, PSE y un PP que ha mejorado registros, mientras mira de reojo una general anticipada que puede reordenar el Congreso antes del verano.

Socio de investidura, reloj de arena

Hay una incomodidad democrática evidente. Quien ha sido pieza de la mayoría de investidura anuncia en su fiesta mayor que el reloj corre y que sin cuentas públicas la legislatura muere. No hace falta atribuir intenciones ocultas: basta con oír el reloj. España no puede vivir eternamente en prórroga improvisada, decretos de última hora y socios que ya diseñan carteles.

Si Esteban acierta y el 23 de mayo arrastra todo, el debate no será solo vasco. Será sobre si este ciclo de debilidad parlamentaria ha dejado al Estado reaccionando tarde a cada emergencia —vivienda, Ceuta, alianzas europeas— mientras los partidos del bloque se recolocan. El PNV, al menos, ha dejado de disimular. Octubre abre listas. Mayo, si se cumple el guion, abre urnas. Y la Moncloa ya sabe que su socio habla en tiempo de campaña.