En plena precampaña del 29-N, la expresidenta de Adif y exsecretaria de Estado de Transportes, Isabel Pardo de Vera, ha abierto otra ventana del caso Koldo. En entrevistas publicadas este miércoles en El Mundo y ABC, y recogidas por El Debate y laSexta, afirma que José Luis Ábalos y otros cargos del Gobierno le pidieron colocar a “gente afín” al PSOE y al exministro en la cúpula directiva de Adif. Cifra: casi 20 currículums. Respuesta que dice haber dado: no.

No es un rumor de pasillo. Es una alto cargo nombrada por Pedro Sánchez en 2018, hoy imputada en la Audiencia Nacional, que relata presiones de colocación mientras defiende que en Adif “no ha habido ningún amaño” porque haría falta sobornar a “más de 50 funcionarios” en un solo expediente. El marco conservador no necesita inventar la trama: basta con oír a quien estuvo en la sala de máquinas.

El currículum que viajó y el asesor que sobraba

Pardo de Vera insiste en el capítulo Jésica Rodríguez, examante de Ábalos: dice que entregó el CV a la presidenta de Ineco porque “me lo pidió Koldo”, que era de auxiliar administrativa y que ella no tenía competencias sobre Ineco. En el Supremo, en abril, ya admitió el traslado del currículum “sin exigencias”. Ahora sube el tono sobre Koldo García: “persona inaceptable, sin formación” y con un pasado “cuestionable”. Afirma que le decía que no a Ábalos “más veces” que nadie y que protestaba por las actuaciones del asesor.

También asoma el nombre de Iñaqui Carnicero, amigo de infancia de Sánchez y alto cargo en Agenda Urbana en la etapa Ábalos: cuando pidió “sus gastos”, relata, le advirtieron “ten cuidado porque puedes tener problemas, Isabel”. Son citas de entrevista, no una sentencia nueva. Pero en campaña el timing importa: el Supremo ya condenó a Ábalos (24 años), a Koldo (19) y a Aldama (4,5, con suspensión por confesión), y la causa de Pardo de Vera sigue viva en la Audiencia.

Colaborar… y ensanchar el mapa

La exalta cargo se ofrece a colaborar si la Justicia cree útil lo que sepa de personas y empresas. Habla de posibles comisionistas y de quienes “han preguntado por empresas”. Desde la derecha liberal-conservadora la lectura es cruda: el problema no es solo un conseguidor con libreta; es una cultura de colocación y de puertas laterales en empresas públicas del ferrocarril. Que la propia exdirigente diga que le llovían CVs “afines” mientras ella dice haberlos rechazado no limpia el sistema: lo describe.

El PSOE llega al 29-N con la corrupción como piedra en el zapato y con una parte de la trama ya sentenciada. Cada nueva declaración de alguien que estuvo dentro reabre el debate que Ferraz preferiría archivar: no solo “quién cobró”, sino “quién pidió sitio en la cúpula”. Pardo de Vera se defiende. El electorado, mientras, escucha el eco de casi 20 currículums y se pregunta cuántos no se publicaron en entrevista.

Qué cambia y qué no

Cambia el relato de campaña: una pieza más del organigrama socialista del transporte habla en abierto de enchufes intentados y de un asesor tóxico. No cambia, por sí sola, el auto de procesamiento ni prueba en este texto que cada CV se convirtiera en nombramiento. Lo que sí queda sobre la mesa es la hipótesis conservadora del día: sin depuración real de redes clientelares en Adif e Ineco, el “cambio” del 29-N no es solo un eslogan de Feijóo. Es una factura pendiente en la vía pública.