Luis María Pardo ya no se conforma con personarse. Quiere que le voten.

Este domingo, Iustitia Europa —o Iustitia Europea, según el despacho de agencia— proclamó al abogado como candidato a las próximas elecciones generales. Los afiliados, según EFE, respaldaron su nombre sin votos en contra. El acto fue en un hotel de Madrid. El mensaje, de manual regeneracionista con mala leche contenida: no basta con cambiar de siglas; hay que cambiar la forma de ejercer el poder.

«Necesitamos un reinicio. No cambiar a unos por otros. Cambiar la manera de ejercer el poder», dijo Pardo, según el relato de la formación recogido por Diario Siglo XXI. En la misma línea, llamó a quienes sienten que ningún partido les representa —«sean de izquierdas, de derechas o no se identifican con ninguna ideología»— a concentrarse en tres frentes: combatir la corrupción, despartidizar las instituciones y cambiar las reglas del sistema.

El antipartido que ya estaba en la causa

Iustitia no aterriza de repente. Lleva años como formación extraparlamentaria, financiada —dice— solo por afiliados, y se vende como «antipartido» que usa la acusación popular cuando el ciudadano de a pie no tiene pasta ni tiempo para pelear solo.

La lista de causas en las que aparece es un mapa de la crispación española: procedimientos ligados a Begoña Gómez, al hermano del presidente David Sánchez, al caso Plus Ultra; lidera acusaciones populares en la Audiencia Nacional sobre la entrada masiva de migrantes en Ceuta a finales de julio, al ser el primero en denunciar, según EFE; y fue el primero en llevar a un juzgado la compra del polémico ático por una empresa pública de la Comunidad de Madrid. Eso no convierte a nadie en condenado. Convierte a Iustitia en un actor que ha elegido el juzgado como trinchera... hasta ahora.

Ahora la trinchera se llama urna. Y el campo de batalla inicial, Madrid: Pardo confirma a ESpolítica que concurrirá a las generales por esa circunscripción, descarta las municipales y deja abiertas las autonómicas solo si coinciden con la convocatoria nacional.

Menú de reformas: aforamientos, mandatos y CGPJ

El programa que esparce estos días no es un eslogan vacío. Es una lista de martillazos al diseño de privilegios del poder político:

  • Suprimir aforamientos e inmunidades de los políticos.
  • Tope de dos legislaturas en toda la vida pública, aunque se cambie de escaño o de cámara: «Se viene, se hace el servicio y se retorna a tu vida anterior».
  • Elección directa del presidente del Gobierno.
  • Referéndums de derogación de leyes a partir de recogida de firmas.
  • Que jueces y fiscales elijan la mayoría del Consejo General del Poder Judicial, en vez del reparto entre grandes partidos.
  • Más independencia de la Fiscalía respecto del Gobierno.
  • Eliminar subvenciones públicas a partidos, sindicatos y patronales.
  • Más jueces, fiscales y personal para acortar pleitos eternos.

También presentó un «contrato electoral» con compromisos concretos. Marketing político, sí. Pero marketing anclado a una idea molesta para las cúpulas: si vives de la subvención y del aforamiento, te cuesta votar su desaparición.

Pardo endureció el tono en ESpolítica: «Durante 50 años han estado contándonos una milonga los unos y los otros». Su enemigo declarado no es solo el Gobierno de turno; son las direcciones de partido que, a su juicio, han ocupado las instituciones y bloquean reformas. Por eso habla del «régimen del 78» como de un blindaje de privilegios, no como de un insulto gratuito a la Transición.

El 11% y la letra pequeña

Ojo con la demoscopia de campana. El candidato citó una encuesta de finales de julio que, según él, les daba cerca del 11% de intención de voto en Madrid. No hay en las fuentes de este relato una firma demoscópica independiente ni una ficha técnica pública contrastada. Es una afirmación del interesado. La prueba real llegará cuando Madrid vote.

Mientras tanto, el dato político es otro: una plataforma nacida en la pelea judicial ha decidido que el Congreso también es un juzgado, solo que con escaños. En un país donde la regeneración se promete cada legislatura y se aplaza cada investidura, Iustitia Europa pone precio electoral a lo que ya cobraba en costas morales: acabar con el cartel de los intocables.

Que logre escaños o se quede en ruido de pasillo es otra historia. Que el tablero se mueva cuando alguien llega desde los autos, y no solo desde las primarias, ya es noticia.