Los incendios vuelven a la política con una escena demasiado conocida: el Gobierno pide un Pacto de Estado contra la emergencia climática y el PP responde llevando de nuevo al Congreso su propio plan contra incendios, el que Alberto Núñez Feijóo ya presentó hace un año. Según El Correo, Miguel Tellado defendió que “el fuego no pregunta qué vota cada vecino” y reclamó prevención, limpieza del monte y un sistema nacional de respuesta inmediata.

La frase suena bien porque es verdad en lo básico: cuando arde un monte, la ceniza no distingue entre ministerios, comunidades autónomas o ayuntamientos. Pero ahí empieza precisamente el problema. España lleva años convirtiendo cada desastre natural en una discusión sobre quién manda más y quién paga menos. El incendio se apaga en verano, sí, pero la prevención se decide mucho antes, cuando no hay cámaras, ni helicópteros en directo, ni fotos de visita institucional.

EL PAÍS ha señalado que el plan popular y el enfoque del Gobierno comparten más terreno del que parece, aunque el choque político haya enterrado por ahora la idea de un acuerdo amplio. Ese detalle es clave. Si hay coincidencias en prevención, coordinación y recuperación, la pelea deja de ser técnica y pasa a ser de relato: Sánchez quiere presentar al PP como bloqueo; el PP quiere presentar a Sánchez como propaganda climática sin gestión real.

Desde una lectura liberal-conservadora, el Gobierno no puede limitarse a invocar un gran pacto cada vez que el fuego aprieta. Un pacto sirve si baja a tierra: desbroces, gestión forestal, inversión estable, responsabilidades claras, permisos menos absurdos y capacidad de reacción cuando una comunidad se ve desbordada. Si no, el “Pacto de Estado” se convierte en una pancarta bonita para tapar la lentitud administrativa.

Pero el PP tampoco sale gratis. Recuperar un plan propio puede ser legítimo; usarlo como muro automático frente a cualquier propuesta del Ejecutivo, no tanto. Si los populares creen que su paquete de medidas es mejor, deberían obligar al Gobierno a discutir artículo por artículo, cifra por cifra y competencia por competencia. La política útil consiste en arrastrar al rival a un acuerdo concreto, no en regalarle el papel de víctima del bloqueo.

La entrevista al jefe de la UME añade una dosis de realidad que debería enfriar la bronca: ante los grandes incendios forestales, llega un punto en el que no se atacan, se contienen y se protege a la población. Traducido: cuando el fuego ya está desatado, muchas decisiones importantes llegan tarde. Por eso la prevención no puede ser un capítulo decorativo. Es la diferencia entre gestionar riesgo y administrar ruina.

La pregunta política es sencilla: si Gobierno y oposición coinciden en parte del diagnóstico, ¿por qué España sigue funcionando a base de planes que se registran, se tumban y se reciclan con cada verano? El votante no necesita otra rueda de prensa con solemnidad climática. Necesita saber quién limpia, quién coordina, quién financia y quién rinde cuentas cuando el monte vuelve a arder. Todo lo demás es humo; y esta vez, literalmente.