Seis semanas para el 29-N y Alberto Núñez Feijóo ha hecho lo que casi nadie hace en campaña: poner la firma encima de un papel. Este lunes, en el Espacio Larra de Madrid y rodeado de la plana del PP, presentó su “Contrato con España”: un manifiesto de doce compromisos para lo que llama “reconstrucción nacional” y “cambio de etapa”. No es un PowerPoint de vaguedades. Es una lista. Y las listas se pueden cobrar.
El marco es deliberado. Cuatro pilares —decir la verdad, respetar la ley, que el esfuerzo merezca la pena y preservar la unidad— y una frase que resume la apuesta: quiere que “la palabra de un presidente del Gobierno vuelva a tener valor”. Quien haya seguido la última legislatura entiende el dardo. Quien vote el 29-N podrá, al menos, contrastar promesa y hecho sin necesidad de un traductor ideológico.
De la frontera al bolsillo: qué dice el papel
El documento, reproducido por medios como ABC y glosado por RTVE, ordena prioridades que el CIS lleva meses poniendo en boca de la calle. Soberanía e integridad territorial: reforzar fronteras con medios humanos, materiales y tecnológicos. Separación de poderes: “los jueces elegirán a los jueces”; órganos reguladores, Tribunal Constitucional y Fiscalía con dirección independiente; presupuestos cada año y elecciones obligatorias si se encadenan más de una prórroga. Traducción: menos Gobierno eterno a golpe de decreto y más Parlamento.
Sigue el Estado “más limpio y más ligero”: auditar cada euro, menos ministerios, menos altos cargos, menos asesores, y una línea que duele a cualquier casta acomodada — “todo cargo político responderá por la corrupción de sus subordinados”. En vivienda, el objetivo cuantificado es construir al menos un millón de nuevas viviendas, priorizar a jóvenes y recuperar autoridad sobre la ocupación ilegal. En inmigración, el contrato es igual de explícito: España elige quién entra, se cortan las regulaciones colectivas y el pasaporte deja de ser un regalo administrativo.
Pensiones, sanidad, aula y sueldo medio
Feijóo ha blindado en el texto lo que la izquierda intentará pintar como recorte oculto: actualizar las pensiones con el IPC y sostener el pacto intergeneracional en el marco del Pacto de Toledo. Sanidad pública con más médicos y mejores condiciones. Educación con más exigencia, autoridad del docente, contenidos con respaldo de academias y garantía de enseñanza del castellano en toda España —sin renunciar a las lenguas cooficiales en sus territorios—. Seguridad en las calles. Revisión de la batería de subidas fiscales. Y el objetivo económico que suena a clase media de verdad: subir el salario medio, no solo el mínimo de cartel, porque “trabajar tiene que compensar más que no hacerlo”.
Cierra con prestigio exterior: UE, Hispanoamérica, aliados históricos. País serio. País previsible. País que no improvisa la política exterior en un tuit.
¿Es nuevo? Es vinculante
La crítica fácil —y la ha hecho parte de la prensa progresista— es que “no hay una sola medida nueva”. Puede ser. Feijóo no ha inventado hoy la vivienda ni el IPC de las pensiones. Lo que ha hecho es empaquetar por escrito lo que ya venía anunciando y someterlo a un ritual de accountability que él mismo usó en Galicia en 2009. Entonces firmó catorce objetivos con los gallegos; gobernó; y pidió que le midieran. La repetición no es un defecto si la alternativa es el eslogan de un solo día.
Tampoco es inocente el tono. Habla de “levantar lo derruido y construir mejor”, de patriotismo “sereno y exigente”, de clase media como motor. En campaña eso suena a brochure. En un país con tres prórrogas presupuestarias seguidas, con la vivienda como primer problema y con la frontera sur en modo crisis permanente, suena a diagnóstico. Se puede discutir cada punto. Lo que ya no se puede decir es que el candidato del PP no ha dejado rastro de lo que promete.
El 30-N empieza el 19-O
Un contrato electoral no es ley. Nadie embarga a un presidente por incumplir un manifiesto. Pero la política española está harta de cheques en blanco morales. Feijóo ha puesto doce cláusulas sobre la mesa: fronteras, jueces, Estado más flaco, casas, inmigración ordenada, pensiones, sanidad, escuela, seguridad, impuestos, salario medio y prestigio exterior. Si gana, habrá que pasarlista. Si pierde, el papel seguirá ahí para recordar qué ofrecía la alternativa.
Menos teatro de la “nueva política” y más letra pequeña. En eso consiste, hoy, pedirle a un candidato que se comporte como un adulto.
