Mientras en Madrid se pelea el próximo decreto de alquiler y se mide cada voto del viernes, hay un número que ya está en la mesa de la cocina de millones de hogares: el euríbor a 12 meses cierra septiembre en torno al 3,24%. No es un titular de analistas. Es la referencia con la que se revisan la mayoría de las hipotecas variables en España.

Según RTVE, la media se sitúa en el 3,243%. El País habla del 3,24%. En ambos casos el mensaje es el mismo: máximos que no se veían desde julio de 2024, muy por encima del entorno del 2,95% de agosto y a más de un punto del 2,17% de septiembre de 2025. La tregua de hace un año se ha evaporado.

Qué significa en el recibo

RTVE sitúa en torno a cuatro millones el número de familias con hipoteca variable. No todas revisan en el mismo mes ni con el mismo diferencial, pero la dirección es clara: quien actualice ahora paga más.

Los ejemplos de la prensa son orientativos y dependen del capital pendiente, del plazo y del diferencial contratado. El País calcula, para una hipoteca media de 150.000 euros a 25 años con euríbor + 1%, unos 85 euros más al mes en revisión anual (cerca de 1.020 euros al año) y unos 58 euros si la revisión es semestral. RTVE habla de un incremento medio cercano a los 87 euros mensuales en un escenario similar. Otras firmas de comparación, como las citadas por Infobae/Kelisto, elevan el golpe anual por encima de los 1.200 euros en sus supuestos. Da igual qué calculadora se abra: la letra sube.

Tipos, inflación y la factura que no sale en el mitin

El impulso no cae del cielo. A principios de septiembre el Banco Central Europeo volvió a subir los tipos 25 puntos básicos, hasta el 2,50%, en un contexto de inflación y tensiones geopolíticas que mantienen cara la energía y nervioso al mercado. El euríbor no lo firma Moncloa, cierto. Pero la política económica nacional tampoco es un decorado: el coste de la vida, la prima de incertidumbre y la sensación de que el Estado corre detrás del índice con parches de última hora pesan en el bolsillo real.

El debate público de estas semanas se ha concentrado —con razón social— en el alquiler, los desahucios y la acampada. Bien. Falta la otra mitad del tablero residencial: el hipotecado a tipo variable que no sale en la foto del decreto y que, aun así, ve cómo su cuota se come la nómina. No hay “prórroga automática” del euríbor. No hay indemnización de doce mensualidades cuando el índice pega. Hay revisión y transferencia bancaria.

Previsiones con asterisco

Los analistas, con prudencia, no venden certezas. RTVE recoge a Ricardo Gulias (RN Tu Solución Hipotecaria) con una horquilla de cierre de 2026 entre el 3,2% y el 3,5% en su escenario central, y a Laura Martínez (iAhorro) con lecturas más altas condicionadas a lo que hagan los bancos centrales. El propio Gulias resume el clima: en un año así, casi es más fácil acertar la lotería que clavar el euríbor de diciembre. El dato definitivo lo consolida el Banco de España; hasta entonces, lo que importa a quien revisa en octubre es la media de septiembre.

La lectura incómoda

Se puede discutir si el BCE va demasiado lejos o demasiado lento. Se puede discutir el mix de gasto público, la presión fiscal o la política energética. Lo que no se sostiene es mirar solo una cara de la crisis de vivienda —el inquilino— y tratar la otra —el hipotecado variable— como ruido de mercados. Cuando el índice vuelve al 3,2%, no hay relato que suavice el extracto bancario.

El euríbor no vota en el Congreso. Pero las familias sí sienten cada décima. Y esta vez la décima duele.