Madrid estrena Gran Premio, la ciudad se llena de ruido y de turistas, y Isabel Díaz Ayuso no ha tardado ni un sábado en abrir otro frente: Televisión Española. En X ha escrito que le «avergüenza» la cobertura del GP de España de Fórmula 1 y que la cadena pública, «al servicio del Gobierno», hace «lo imposible por deslucir el éxito» del evento.
No es un hilo sobre neumáticos. Es un mensaje político disfrazado de crónica deportiva: si Madrid gana, la tele del Estado restaría brillo. Y si la tele del Estado pone el foco en vecinos molestos o en el coste del circo, entonces —según ese relato— no informa: boicotea.
Lo que ha dicho Ayuso, sin adornos
La presidenta madrileña ha presentado el regreso de la F1 a la capital —45 años después del Jarama— como «una oportunidad y un orgullo para todo el país y para el resto del mundo». El circuito nuevo, Madring, entre IFEMA y Valdebebas, acoge el GP con contrato hasta 2035. La organización habla de cerca de 350.000 asistencias en el fin de semana.
En ese marco, Ayuso no se limita a celebrar. Acusa. Dice que TVE está al servicio del Ejecutivo y que su tratamiento del Gran Premio busca restarle valor. Poco después ha colgado en Instagram un vídeo de una vuelta al trazado con el alcalde José Luis Martínez-Almeida: la contraportada visual del enfado.
Qué emite TVE y qué no
Hay un dato que conviene no perder: los derechos en abierto del gran premio en España están en Telecinco. TVE no emite la carrera del domingo. La queja de Ayuso no es, por tanto, «no ponen la bandera a cuadros». Es otra: que la pública no dedica el espacio ni el encuadre que, a su juicio, merece un éxito de Madrid.
ABC recoge el contraste con el propio telediario. TVE hablaba de impacto económico, de seguridad, de refuerzo de transporte… y de que «el estruendo de los motores tiene molestos a muchos vecinos de la zona». Para la presidenta, ese matiz no es periodismo de proximidad. Es arena en el engranaje.
El relato de la oposición y el espejo catalán
En la Asamblea, la oposición madrileña ha cargado contra el proyecto como un lujo «para ricos». Ayuso responde con su clásico de contabilidad comparada: recuerda la inversión pública asociada al circuito de Cataluña —cifras que ella misma sitúa en torno a 40 millones— y presenta Madring como escaparate de prosperidad, empleo y servicios.
La Comunidad vende números gordos: impacto económico estimado de 467 millones, unos 8.850 empleos asociados y recaudación fiscal y cotizaciones cercanas a 83 millones, según datos difundidos a partir de Fórmula 1, Madring y el Gobierno regional. Son estimaciones de promotor e institución, no una liquidación del Tribunal de Cuentas. Pero en campaña permanente valen oro: convierten el circuito en fábrica de PIB y no en capricho.
Por qué importa el choque con RTVE
Porque no va de monoplazas. Va de quién narra el éxito. La derecha madrileña lleva años construyendo un guion simple y eficaz: Madrid atrae, produce y se llena; el Gobierno central y sus medios satélite miran de reojo o ponen la lupa en lo que molesta. Cada vez que TVE abre el plano a un vecino enfadado o a un atasco, ese guion se alimenta solo.
La izquierda, al revés, ve un evento de élite con huella urbana, ruido, cortes y dinero público indirecto en movilidad y seguridad —el Ayuntamiento ha movilizado alrededor de 1.350 efectivos entre Policía Municipal, Samur, Bomberos y Agentes de Movilidad— y se pregunta por qué se vende como milagro patriótico lo que también es negocio privado de un mundial de coches.
Las dos lecturas pueden convivir en la misma ciudad. Lo que Ayuso no tolera es que la televisión de todos ponga la segunda al mismo volumen que la primera.
Un GP, diez años y mucha política
El acuerdo cubre 2026-2035. Esto no es un fin de semana. Es una década de Madrileñismo de asfalto: turismo, marcas, cortes de calle y pelea por el relato. Si la cobertura pública insiste en molestias y desigualdad de acceso, el Gobierno regional gritará sesgo. Si solo enseña banderas y paddock VIP, la oposición gritará propaganda.
Hoy el primer round lo ha abierto Ayuso con un tuit de combate. El Gran Premio sigue. Los motores también. Y la tele pública, quiera o no, ya forma parte de la parrilla política del fin de semana.
