En Madrid, la portavoz del PSOE-M pregunta por vivienda. En el escaño de enfrente, Isabel Díaz Ayuso no habla de índices ni de metros cuadrados: habla de Montse Mínguez, portavoz nacional del PSOE, y de la pareja de esta, Sergi Vélez. El pleno de la Asamblea se convierte, en segundos, en un juicio político por hipocresía inmobiliaria.

«También tiene un novio… 30 pisos, que tiene más patrimonio que Jeff Bezos, con yates, con dinero metido en Panamá, sin declarar Hacienda. Pero qué caradura tienen ustedes», ha espetado Ayuso, según recogen ABC y La Vanguardia. La frase del Bezos es hipérbole de mitin —Forbes sitúa la fortuna del fundador de Amazon en torno a 278.000 millones de dólares—, pero el dardo no iba a Forbes: iba al relato socialista de «familias frente a fondos buitre» mientras la propia portavoz federal queda salpicada por un conglomerado familiar de alquileres.

Lo que se ha publicado (y lo que Ayuso convierte en arma)

La base periodística que Ayuso agita procede, entre otras, de informaciones de El Español y el eco posterior en medios generalistas: la pareja de Mínguez controlaría a través de sociedades un parque de alrededor de 30 pisos en alquiler, con desahucios asociados en el relato crítico, y dos empresas en Panamá dentro del entramado familiar. El portavoz del PP en la Asamblea, Carlos Díaz-Pache, ha apretado el guion: «ya la llaman Neptuno, porque tiene al lado un gran tenedor», y ha ironizado con que la izquierda quería poner la vivienda en campaña «para promocionar los negocios inmobiliarios de sus familias».

Díaz-Pache ha recordado el eslogan «familias o fondos buitre» y ha cargado: «resulta que su familia era el fondo buitre… y que hace cinco años que no paga sus impuestos», según el relato del PP madrileño recogido por ABC. Esas acusaciones de fiscalidad y de desahucios son el núcleo del ataque popular; no hay aquí sentencia firme citada que las convierta en hecho judicial cerrado, y conviene tratarlas como lo que son: denuncia política apoyada en reportajes de prensa, no como condena.

Sánchez, desde Bruselas: respaldo y desconocimiento

Preguntado en la capital belga, Pedro Sánchez ha mantenido el apoyo a Mínguez («por supuesto») y ha dicho desconocer las actividades profesionales de su pareja. En la misma comparecencia ha intentado devolver el golpe: le sorprende que el PP —y Ayuso, «con todo lo que hemos escuchado sobre su áticazo»— quiera abrir el debate de la vivienda, y ha reconducido el foco hacia la convalidación de decretos de vivienda en la Diputación Permanente.

Ayuso, en redes, ha resumido la reacción del presidente con un juego de palabras: «Le importa una Mínguez todo». En el hemiciclo madrileño ha encadenado la ironía del «¿puntual o personal?» con una lista de frentes abiertos del sanchismo —Begoña Gómez, joyas, cercanías, Plus Ultra, Adif, fiscalía— para pintar un patrón, no un accidente. Mar Espinar, por el PSOE-M, ha acusado a Ayuso de insultar para no hablar de lo importante y ha reivindicado que tres de cada cuatro españoles apoyan intervenir el mercado de la vivienda.

Por qué duele en precampaña

La vivienda es el talón de Aquiles emocional del ciclo 29-N. Si el PSOE predica contención de rentistas y tope a desahucios mientras su portavoz nacional aparece vinculada —por la pareja y por empresas familiares— a un parque de decenas de pisos y a sociedades en Panamá, el PP no necesita inventar un marco: solo necesita el contraste. Que Ayuso hinche el Bezos no borra el problema de credibilidad; lo convierte en meme. Que Sánchez diga que no sabía qué hacía el novio de su número cinco tampoco cierra el debate: lo ensancha.

Desde la mesa de derecha, el caso no es «privacidad de la pareja». Es coherencia pública. Quien hace bandera del derecho a la vivienda no puede permitirse que el relato de los 30 pisos y Panamá se cuele en el pleno sin una explicación limpia, documentada y sin excusas de empresa familiar. Si es legal, que se demuestre con papeles. Si es indefendible en campaña, que se asuma el coste político. Lo demás es caradura con micrófono.