El respaldo de Vox al PP nunca ha sido un cheque en blanco, y Santiago Abascal se encargó este sábado de recordarlo sin medias tintas. El líder de la ultraderecha avisó a Alberto Núñez Feijóo de que su partido volverá a romper gobiernos autonómicos si los populares les ponen “zancadillas o trampas”. Dicho de otro modo: el apoyo institucional de Vox tiene precio, y el que no lo pague, lo va a notar.

La frase, recogida por elDiario.es, El País, El Periódico y Demócrata, no es un farol cualquiera. El propio “volverá” lo dice todo: Vox ya enseñó que está dispuesto a levantarse de los ejecutivos que comparte con el PP, y ahora pone negro sobre blanco que repetiría la jugada a la mínima. El mensaje deja a varios gobiernos autonómicos colgando del mismo clavo de siempre: el estado de ánimo de la extrema derecha.

El recado, en plena negociación andaluza

El aviso no cae en el vacío. Llega justo cuando PP y Vox negocian la investidura de Juanma Moreno en Andalucía, una partida que viene tensa desde hace días. El 26 de junio, elDiario.es informó de que Moreno negociaría “hasta el último minuto” con Vox, que a su vez criticaba “las prisas” del PP por cerrar el acuerdo.

Un día antes, el 25 de junio, Vozpópuli ya había contado que Vox presionaba con el “no” a la investidura de Moreno y exigía dejar atadas medidas para toda la legislatura. Es decir: la advertencia de Abascal sobre romper gobiernos no es una reflexión abstracta sobre el futuro, sino el ruido de fondo de una negociación que sigue abierta y en la que la ultraderecha marca el ritmo. Cuando un socio te avisa de que puede tumbarte mientras estáis cerrando el pacto, no está negociando: está enseñando los dientes.

Los insultos a Sánchez, con nombre y apellidos

En la misma intervención, Abascal cargó contra Pedro Sánchez con un repertorio que conviene atribuirle palabra por palabra: lo llamó “desequilibrado, psicópata y malnacido” y aseguró que en España hay “un loco al volante”. No son diagnósticos ni hechos, sino los insultos que eligió el líder de Vox para referirse al presidente del Gobierno. RTVE recogió esa misma intervención y destacó precisamente esas descalificaciones.

El registro no es casual. Mientras negocia con el PP en los despachos, Vox sube el tono en el escenario público hasta el insulto personal. Y una cosa alimenta a la otra: cuanto más se radicaliza el discurso, más caro le sale a Feijóo sostener su pose de moderación sin que se note demasiado de qué pie cojea buena parte de su mayoría.

La factura de gobernar agarrado a la ultraderecha

Y ahí está el fondo del asunto. La advertencia de Abascal funciona como una factura colocada encima de la mesa del PP: el apoyo de Vox se cobra, y se cobra en condiciones. Cada vez que la ultraderecha amenaza con tumbar un gobierno autonómico, queda más a la vista que una parte del poder territorial de Feijóo se sostiene sobre un socio que presume de poder retirarle la silla cuando le convenga.

Para la gente que vive en esas comunidades, el recado tiene una lectura menos épica y más incómoda: la estabilidad de su gobierno no depende tanto de la gestión como de si Vox considera, un día cualquiera, que le han hecho una “trampa”. Presupuestos, servicios y políticas quedan a merced de un pulso permanente en el que la extrema derecha tiene siempre el dedo encima del botón.

Conviene precisar, eso sí, que este 27 de junio Abascal no ha roto ningún gobierno nuevo: lo que ha hecho es amenazar con hacerlo. Pero esa distinción —la que separa el aviso del portazo— es justo la que Vox lleva tiempo administrando a su favor. Y mientras el PP siga necesitando esos votos para gobernar en media España, el guion lo seguirá escribiendo, en buena parte, quien amenaza con romper la baraja.